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Muchos presos para tan pocos delitos
Posted under Bloghemos recaabado esta noticia que nos parece muy ineteresante, ya que sida pobreza y carceles estan en ocasiones relacionados
El extendido tópico de que en España los presos entran por una puerta y salen por otra ni es cierto ni se sustenta en ninguna cifra oficial. Es el paÃs de la UE con la tasa de encarcelamiento más alta y, por el contrario, de los que tiene menor Ãndice de criminalidad: veinte puntos por debajo de la media.
rias razones explican esta paradoja: la dureza de las penas para los delitos habituales -robo y tráfico de drogas-; el continuo endurecimiento del Código Penal y la incorporación de nuevos delitos; la imposibilidad de redimir condena y la cicaterÃa del Estado para conceder la libertad condicional.
“Las prisiones españolas están llenas de pobres, enfermos y drogadictos. Suman más del 70%. La cárcel se está convirtiendo en el único recurso asistencial y ésa no es su función”. Mercedes Gallizo, secretaria general de Instituciones Penitenciarias lleva años recordando la función resocializadora que deberÃa tener la cárcel, pero admite que ese principio constitucional está cada dÃa más lejano.
El Código Penal de 1995 provocó un aumento de la población penitenciaria que llena a un ritmo acelerado las nuevas cárceles. Hace tres años habÃa 63.800 presos. Ahora son 76.485. La tasa de encarcelamiento se sitúa en España en 166 reclusos por 100.000 habitantes, por delante de Gran Bretaña (153) -que siempre habÃa encabezado la lista- Portugal (104), Francia (96) e Italia (92). Sin embargo, la tasa de criminalidad (infracciones penales por cada mil habitantes), es una de las más bajas de los Quince. La relación del año 2008 la encabeza Suecia (120,4), seguida de Reino Unido (101,6). En España es de 47,6, por delante sólo de Grecia (41,2), Portugal (37,2) e Irlanda (25,2).
“Hace ya muchos años que se constata que la tasa de encarcelamiento no guarda relación con la criminalidad, sino con la polÃtica penal. Lo que ocurre en España no es que los jueces metan a más gente en la cárcel, sino que pasan mucho tiempo”, dice José Luis DÃez Ripollés, catedrático de Derecho Penal de la Universidad de Málaga y director del Instituto Andaluz de CriminologÃa.
El delito principal que han cometido más del 40% de los penados (22.416 reclusos) fue contra el patrimonio y el orden socioeconómico, según los define el Código Penal. En lenguaje más inteligible: robos, tirones y atracos.
“Depende de cómo sea el tirón se puede castigar hasta con cinco años. ¿Debe ir a la cárcel esa persona si ha delinquido por primera vez?”, se pregunta Eduardo Navarro, magistrado de la Sección Sexta de la Audiencia de Barcelona, con 20 años de experiencia, 17 de ellos en juzgados de instrucción. “La sociedad no entiende que no sea asÃ. Los incidentes que he tenido como juez han sido por no enviar a alguien a la cárcel”, afirma.
DÃez Ripollés ratifica que algunas penas son desproporcionadas. “No es razonable que un delito urbanÃstico se castigue con un máximo de dos años de cárcel, lo mismo que un hurto agravado, porque al final siempre acaban en la cárcel los mismos”. Es el inicio de una tela de araña en la que queda atrapado el preso y que él ayuda a tejer en muchas ocasiones, pues los Ãndices de reincidencia se sitúan entre el 40% y el 70%.
El perfil del recluso español apenas ha variado con los años. Es un hombre, de 30 a 40 años y condenado por robo o tráfico de drogas. Las reclusas suponen el 8% del total de la población. La mayorÃa están condenadas por tráfico de drogas (48,4%).
El llamado Código Penal de la democracia de 1995 que impulsó el ex ministro de Justicia Juan Alberto Belloch eliminó la redención de pena por trabajo o estudio y estableció el cumplimiento Ãntegro. Eso significa que la mayorÃa de las condenas se pagan “a pulso”, en lenguaje carcelario, y que se aplica en muy pocas ocasiones la secuencia lógica en la vida penitenciaria: prisión preventiva, segundo grado, permisos, tercer grado, libertad condicional y libertad definitiva.
Siete de cada diez penados están en segundo grado, y asà pasan la mayor parte de su estancia entre rejas, sin lograr permisos. Sólo el 15,1% cumple condena en régimen abierto, y los que logran la libertad condicional suponen el 11%. “Es totalmente innecesario estar tanto tiempo en la cárcel. El cumplimiento Ãntegro no es bueno desde ningún punto de vista porque aumenta la reincidencia”, sostiene José Cid, profesor de Derecho Penal de la Universidad de Barcelona, que ha analizado el fenómeno en el libro El incremento de la población reclusa en España entre 1996 y 2006.
El abogado madrileño José Luis Galán lleva en la profesión más de 35 años y sigue en el turno de oficio. Tiene claro que la situación se hace cada más vez insostenible y que urge un cambio legislativo en sentido contrario al incremento punitivo de los últimos años. “Lo que no se puede hacer es buscar el aplauso fácil. No siempre se legisla para sacar votos, porque, si no, no habrÃa impuestos. Hay que cambiar las normas que se aplican para que la cárcel sea el último recurso, no el primero y único”, asegura. A renglón seguido reprocha al PSOE la aplicación de una polÃtica punitiva que, de manera sustancial, coincide con la del PP. “La izquierda se ha abonado a la chita callando a esa polÃtica represora. Cuando no se ha puesto al frente de la procesión, ha ido detrás con el capirote y gran mansedumbre”.
Galán también cuestiona que algunas conductas estén tipificadas como delito. “Diga lo que diga el Tribunal Constitucional, es disparatado que las amenazas del marido a la esposa sean delito. Y con la última reforma sobre seguridad del tráfico se han pasado”. Ahora hay en España 3.721 presos penados cuyo delito principal es de violencia doméstica, desde un asesinato -una minorÃa-, a lesiones o amenazas. También hay 816 reclusos por delitos al frente del volante.
“La delincuencia patrimonial de escasa importancia no es razonable que se castigue con penas que comportan la entrada en prisión”, dice DÃez Ripollés. Con tres matices: que sean delitos graves, que los cometan reincidentes o altos sectores de la sociedad. “A esos sólo se les puede intimidar con la cárcel”, afirma el jurista. Y es que los delincuentes de cuello blanco que acaban entre rejas son una excepción. Casi nadie discute el efecto ejemplarizante que eso provoca en la sociedad, aunque tarden en entrar porque pagan mejores abogados y agotan todos los recursos, muchas veces con el beneplácito de los tribunales.
“El Código Penal es duro con el débil y débil con el duro”, asegura DÃez Ripollés. “Los tribunales tienden a ser más comprensivos con determinados delitos porque la ley es interpretable”, opina la abogada barcelonesa Lidia Lajara, con 16 años de experiencia como penalista. “Hay muchos tipos de jueces y serÃa injusto no reconocer que muchos creen en la rehabilitación y apuestan por ella”, dice José Cid. Lo que ocurre es que las administraciones no les ofrecen la posibilidad de imponer medidas alternativas. “Hay que decir que los jueces de Cataluña somos unos afortunados y que sà podemos imponer penas al margen de la cárcel de las que en otras comunidades no han oÃdo ni hablar”, dice el juez Navarro.
“Otra polÃtica criminal es posible”, afirma el catedrático DÃez Ripollés, y las penas alternativas para delitos menores son un ejemplo. AyudarÃan a descongestionar las prisiones y reducirÃan el gasto público. Una medida asà cuesta 3,05 euros diarios, y el coste de un preso es de 78,29 euros al dÃa, según un estudio de la Generalitat catalana, la única comunidad con competencias en prisiones.
“No se puede dejar de castigar al delincuente, pero sin tanta dureza y aplicando las polÃticas que ya han dado resultados en otros paÃses”, dice DÃez Ripollés. Como en Finlandia, recuerda, que a principio de los ochenta tenÃa una de las tasas de encarcelamiento más altas de Europa y ahora está a la cola.

